Secciones

domingo 15 de enero de 2012

Singapur, la capital del mundo


Y tuvimos que dejar la playa, sí, finalmente, luego de casi un mes abandonábamos el hermoso mar de Andaman, sin saber cuando, o si alguna vez, volveremos estar en un lugar así. Ya estábamos yendo a Singapur, con una pequeña escala en Melaka, para luego volver a Kuala Lumpur donde teníamos nuestro pasaje de avión hacia París.

Como dije anteriormente, antes de llegar a Singapur pararíamos a dormir en Melaka, una ciudad colonial muy pintoresca donde su belleza es realzada por la iluminación que posee en su noche. Dormimos allí y dimos una vuelta muy cortita para visitar aunque sea la parte colonial y sacar algunas fotos de rigor. Pronto nos tomaríamos el bus a Singapur. Las rutas y aduanas de Malasia son magníficas, las rutas tan avanzadas como las de Alemania pero rodeadas de una hermosa vegetación tropical y la frontera con singapur tan bonita como un gran aeropuerto.

Finalmente llegamos a la ciudad estado de Singapur, donde Brian nos estaba esperando, salimos a cenar y volvimos pronto al hostel, hasta aquí una ciudad más. Sin embargo el día siguiente nos encontraríamos con una amiga de Brian para cenar algo juntos e ir a una disco. No conozco la capital del imperio capitalista en la que vivimos nosotros, esclavos del mundo libre, Nueva York, y por eso no me atrevo a decir que Singapur es la ciudad más avanzada en la que he estado, ni Roma, París, Barcelona o inclusive Londres le hacen cosquillas a esta ciudad extremadamente desarrollada. Un tren que llega a todas partes del país tiene sus estaciones dentro de Shoppings, pero no unos simples negocios a la salida del tren, sino del estilo del Unicenter o el Corte Inglés. Estos centros comerciales estan conectados uno con otro con lo cual no es practicamente necesario salir a la calle para moverse entre ellos. Pisos y piso, extensiones de kilómetros de estos centros comerciales son el alma del consumo singapurense, donde los negocios estan situados inclusive debajo de las calles para poder seguir comprando inclusive al cruzar la calle. Dado a que nosotros simplemente estábamos paseando por esa hermosa ciudad, no voy a extenderme en reflexionar sobre la condición de libre exclavitud que estan sometidos sus ciudadanos, sumergidos en una necesidad del consumo innecesaria, donde hasta las banda musicales escriben canciones a determinados modelos de Zapatos o Jeans.

Y de la misma forma que en Chiang Mai, hicimos el trecking por la selva, en Siem Reap visitamos los templos de Angkor Wat, aquí cedimos ante la tentación del consumo y nos dimos algunos pequeños gustos. Hicimos algunas compras, practicamente no caminamos a ningún sitio, sino que tomamos los trenes cuantas veces hiciera falta, nos sacamos el disfraz de mochilero y paseamos vestidos como seres más civilizados y comimos un buen sushi, que vale aclarar, que salió menos de la mitad de lo que saldría en buenos aires. Visitamos el centro de la ciudad, donde no pudimos encontrar una construcción que no estuviera destinada a un Shopping y hasta fuimos al casino, donde la apuesta mínima de las mesas comunes ascendía a los 50 dólare singapurenses, unos 35 gringos. El casino se encuentra situado en una isla artificial que hace apenas 3 años no existía, en tres rascaciales unidos en su cima por un barco. Indescriptible.

Por finalizar el último día visitamos Little India y China Town, los barrios de estas dos culturas que son otro mundo dentro de esta ciudad. Tomamos una cerveza con nuestro amigo y nos despedimos. Él se iría a Buenos Aires y nosotros a Kuala Lumpur, capital malaya, desde donde teníamos nuestro vuelo a París. En la próxima entrega, nuestras aventuras en las tierras de las torres Petronas.




Langkawi, la llegada a Malasia


Luego de un largo viaje que incluyó combi, barco, migraciones y un taxi, llegamos a Langkawi, conocíamos un nuevo país y estábamos ansiosos por descubrirlo, aunque para ser justos estas ansias no son de descubrimiento sino de disfrutar y relajarnos en sus playas. Sin embargo la emoción que tiene llegar a un nuevo país, luego de cruzar las fronteras y hacer migraciones, cosa que realmente odio del hecho de viajar y el único momento en que no lo puedo disfrutar, es maravillosa.

Esta vez conseguir habitación no fue tan facil, tuvimos que caminar bastante, recorrer y preguntar en todos los hoteles de la zona económica. Cuando ya nos estbámos resignando en dejar la zona, en el último hotel que nos faltaba por preguntar, en la última habitación que tenían pudimos alojarnos. La habitación era muy bonita, teníamos aire, tele que nunca prendimos, una mesita para comer y hasta una pava eléctrica que nos ayudó a preparar nuestros primeros mates en Asia. Por su parte, el baño era, sin embargo, uno más de este continente, la pared no tenía ni reboque grueso, la ducha sólo contaba con agua fría, la pileta era mínima, sin contar con ningún lugar para dejar aunque sea el jabón, carecía de espejo, mientras que el piso permanecía húmedo la mayor parte del tiempo ya que el agua de la ducha, que claramente caía en el mismo piso, no drenaba correctamente y para finalizar teníamos una amiga un tanto peculiar, una araña que no llegaba a ser tarántula pero tampoco era chica, que ya nos habíamos acostumbrado a no matarla para que, al menos, se comiera los mosquitos. En fin, como dije anteriormente, otro baño asiático, pero teniendo en cuenta que esto era moneda corriente para nosotros, la calidad de la habitación era de un hotel 5 estrellas.

La celebración de año nuevo, fue un tanto diferente que a la de otros. Si bien la pasamos solos, fue mágica, en la playa, con miles de otros turistas y locales nos sentamos en una lonita y cenamos unas tradicionales hamburguesas con unas cervecitas esperando las doce, con un cielo que se iluminaba tanto por los fuegos artificiales como por las lámparas que se asemejan a nuestros globos, teniendo la suerte que el viento soplaba hacia el mar y nos permitía vera todas reuniéndose sobre el mismo, como si de aves migratorias se trataran.

Nuestra estadía estaba planificada hasta el 2 de enero, sin embargo nos quedamos hasta el 5, para disfrutar de la hermosura de esas playas, simplemente no podíamos creer que existiesen lugares más lindos de los que ya habíamos visto. Los días no variaban mucho uno de otros, playa, comer comida india, dormir hasta tarde y relajarse. La última noche para despedirnos del mar, cenamos unos "Langostinos Tigre", unos langostinos de hasta unos 40 centímetros que tienen un gusto asombroso, algo así como si fuera lomo de langostino, sin palabras.

La despedida del mar fue un tanto díficil, sin saber cuando estaremos en un lugar así nuevamente estuvimos en el mar hasta que oscureció la última noche, al día siguiente nos iríamos a Melaka, para hacer una pequeña escala antes de llegar a Singapur, donde además de conocer otro país, nos reuniríamos con nuestro amigo Brian.



sábado 14 de enero de 2012

Navidad en Ao Nang, Krabi


Partimos de Ko Lanta hacia el norte, una ruta en contra a nuestro recorrido, el motivo, íbamos hacia la playa Ao Nang en Krabi, donde nos encontraríamos con nuestros amigos de Mola Viajar, Adrián y Gosia, que por cierto recomiendo visitar su sitio de internet, para pasar juntos las navidades. Para los que no recuerden los conocimos en la excursión a Maya Bay y nos ofrecieron pasar con ellos esta fiesta, dado que nosotros no teníamos planes y era lo que estábamos buscando aceptamos con mucho. El viaje hasta la playa fue tranquilo, primero una combi que nos sacó de la isla ayudada de unos ferris, que nos llevó hasta la ciudad de Krabi y luego en una de esas camionetas colectivo, que nos llevó de la ciudad hasta la playa. Como dato curioso, comprar el pasaje en una agencia de viajes salía 6 veces el valor que uno conseguía tomando el bus público, en el mismo tipo de vehículo.

Los primeros días en Ao Nang, fueron para descansar y disfrutar un poco de la playa cuando la lluvia lo permitía, pero más que nada prepararnos para navidad. Y el día llegó. Nos reunimos en la casa que Adrián estaba alquilando con su mujer. La mesa navideña estaba compuesta por una pareja de catalanes, 3 amigos del pueblo del anfitrión y la novia tailandesa de uno de ellos, además de los anfitriones y nosotros. Más tarde se unirían Federico y Georgina, otros amigos argentinos que habíamos conocido en Phi Phi. La fiesta estuvo excelente, a tal punto que nos fuimos cuando el sol comenzaba a aparecer, pero esa noche pude comprender por qué en casa comemos de la forma que lo hacemos en Argentina para esas fechas. La comida que habían preparado fue tanta que sobró para el día siguiente y también le sobró a los chicos para más adelante. Como un detalle, habían cocinado 8 kilos de tortilla y para completar la lista, teníamos, paella, pollo y costillitas fritas, ensalada rusa, huevos relleno y calamares rellenos con carne y langostino, plato que terminamos comiendo a las 4 a.m. como si fuera lo más natural del mundo. Para acompañar habían conseguido unas 100 latas de cerveza y algunas botellas de Whisky y Rum para preparar las cubatas que tanto le gustan a los españoles. Además de comer, pasamos la noche charlando y escuchando música. Cuando nos despedimos acordamos encontrarnos el día siguiente para seguir las celebraciones y decidimos reunirnos a las 4 p.m. por primera vez en mi vida nos juntábamos almorzar en navidad a una hora realemnte razonable, jamás entendí por qué el almuerzo de navidad es como tarde a las 2 p.m..

El 25 nos volvimos a juntar para terminar la comida como si fuera una obligación moral y ciudadana hacerlo. Pasamos una tarde muy agradable y al despedirnos acordamos reunirnos los días siguientes con Tanit y Jordi, la pareja catalana, para hacer algunas excursiones, cosa que nunca sucedió vaya a saber uno por qué. Por nuestra parte como habíamos quedado en juntarnos con ellos nos quedamos cuatro días más en el hotel, días que aprovechamos para ir a la playa donde unos simpáticos monitos jugaban con los turistas en el extremo sur de la misma, y hacer la excursión del placton mágico.

Ese paseo se llevó todos los premios de esta ciudad. Al principio comenzó como todos los viajes que habíamos realizados, snorkel, alimentar a algunos peces, nadar y navegar. En fin, algo maravilloso pero que no valía cuatro veces más que el resto de estos viajes que habíamos realizado. Sin embargo al atardecer la cosa empezó a cambiar. Después de haber navegado bastante y ver tiburones en el mismo mar en el que nos habíamos bañado paramos para cenar en una playa increible que simplemente recomiendo ver sus fotos, para ahorrarme la vergüenza de no poder describir algo tan hermoso como aquello que vimos. La playa amarilla con una textura similar a la maizena se mezclaba con el azul del mar, formando un hermoso verde que iba en degradé hasta el punto donde la pronfundidad aumentaba bruscamente, convirtiendo el color del mar en un azul intenso. Completando el maravilloso paisaje, una de estas islas en forma de montaña se erguía imponente declarándose reina en el mar.

Luego de la cena de arroz con langostinos, nos embarcamos nuevamente y nos dirigimos hacia el plato fuerte del paseo, sumergirnos en el mar en la oscuridad de la noche cerrada detrás de una montaña para que la visibilidad sea casi nula. Allí en la oscuridad practicamente absoluta en el medio del mar descubrimos el placton mágico y sinceramente el adjetivo hace justicia con lo que uno vive. Al movernos el placton que está permanentemente al rededor nuestro se iluminaba como si fueran bichitos de luz marinos, movíamos piernas y brazos en forma de círculos y para todos lados intentando hacer el mayor moviento posible, el placton estaba enloquecido y cientos de puntos amarrillos iluminabn el mar y a nosotros mismos, lo único que pudimos hacer fue simplemente reir. Esto sólo ya pagaba el valor de la excursión y con creces, nos deleitamos el mayor tiempo posible y volvimos al barco, de allí al hotel, disfrutamos un día más de playa y nos preparamos para partir a Langkawi, Malasia. Era 30 de diciembre y estábamos por conocer un nuevo país donde recibiríamos el 2012, pero eso ya es otra historia.


jueves 12 de enero de 2012

Ko Lanta, All inclusive a precio de Asia


Partimos de Ko Phi Phi con la tristeza de estar dejando un lugar tan hermoso, que se había convertido casi en nuestra casa, ya que hacía mucho que no pasábamos tanto tiempo en un mismo lugar, pero la melancolía no sería tanta dado que nos dirigíamos hacia otro lugar muy lindo, Ko Lanta.

Ko Lanta, es otra de las maravillosas islas de Tailandia pero enfocada en otro tipo de turistas. Allí nos sentimos como en un all inclusive del caribe. Nos quedamos en un hotel con playa privada, piscina, restaurante y boliche propio, por la módica suma de unos 500 THB la noche, es decir unos 8 dólares por persona. Como era de esperar allí seguimos descansando pasamos el primer dia entre playa y pileta, caminamos un poco por la arena y comimos en un restaurante de comida local. El segundo día nos acompañó la lluvia, por lo que aprovechamos para dormir aún más y a la tarde ir a la pileta. Por la noche cenamos cangrejo y camarones.

Pero es el tercer día el que se llevó todos los premios, decidimos alquilar una moto e ir a recorrer la isla y así fue como descubrimos su hermosura. Comenzamos nuestro recorrido perdiéndonos y llegando por accidente al antiguo pueblo de Lantam luego hicimos los increíbles caminos de montañas que ofrecían vistas maravillosas en las que se podía ver la playa desde las alturas rodeadas por otras montañas y justamente en una cima de ellas aprovechamos para ir a almorzar con una vista tan linda que no parecía cierta. Seguimos nuestro camino hasta la puerta del parque nacional donde unos monos comían y se sacaban los piojos mutuamente en la misma ruta. Como no quisimos pagar la entrada al parque nos volvimos y en el camino encontramos una playa privada cerrada tan solo por un alambre de puas y donde otros turistas y locales lo saltaban con facilidad, así que allí fuimos. En la playa éramos pocos y como ya se estaba haciendo tarde nuestos compañeros se fueron retirando y quedamos sólo nosotros en la playa. Era fantástico, una playa paradisíaca sin otros turistas, paradojicamente el sueño de todo turista. Las montañas enmarcaban la playa, el agua transaparente nos mojaba nuestros pies, y el horizonte era sólo cortado por dos inmensos yates que intentaban sin lograrlo, tapar los últimos rayos del sol que se fundía junto al mar. Estuvimos allí un rato largo, disfrutando de aquel maravilloso lugar que se convirtió en un lugar mágico y del que no podía irme sin nadar en su mar. Cuando comenzó a atardecer decidimos irnos y paramos para comprar el boleto a nuestro nuevo destino. Pocos kilómetros más adelante nos detuvimos a cenar una increíble langosta con 3 langostinos y ensalada, todo por 55 pesos.

Luego de disfrutar de la cena, volvimos al hotel, preparamos nuestras cosas y nos fuimos a dormir ya que al día siguiente nos iríamos a Ao Nang en Krabi (también en Tailandia) donde pasaríamos la navidad.








jueves 5 de enero de 2012

Phi Phi, en el paraíso de Dios


Habíamos dejado Phuket, aquella isla tan amada y odiada a la vez, odiada por los millones de turistas que no les gustan los turistas, que se quejan de las botellas en la playa mientras tiran su bolsa de papas fritas en el mar, pero amada por ellos mismos y por nosotros también, que disfrutamos su encanto y tratamos de alejarnos de las multitudes pero nos alegramos cuando al preguntar, how much is it? El buen señor tailandés de turno sabe responder cuanto nos cuesta nuestra botella de cerveza, nos alegramos por no caer en el cliché de decir a nosotros no nos gustan los lugares turísticos porque sabemos, que como a la mayoría nos gusta ver un menú en inglés o poder desayunar un café con tostadas y no un plato de sopa picante. Simplemente disfrutar de los lugares sin decir las cosas "cools" nada más que porque tiene onda. En fin, estábamos dejando aquel maravilloso lugar para dirigirnos a uno aún más lindo, o eso nos habían dicho.


Salimos temprano a la mañana, bueno temprano para un día de vacaciones, a eso de las 8 a.m. y nos llevaron hasta un barco de grandes dimensiones, con capacidad para unas 200 personas o más. A medida que nos alejábamos de la isla, la belleza cambiaba para mostrarnos cada vez más su hermosura como parte de un todo, como aquel que ha observado un cuadro a pocos centímetros para apreciar los detalles en cada pincelada para luego alejarse y contemplar el todo, eso nos pasaba a nosotros. Las costas con aguas verdes, quedaban lejanas y los cientos de metros de aguas verdes, ahora eran sólo una línea que oficiaba de frontera entre el mar y la arena, las montañas imponentes ahora encontraban hermanas gemelas en otras islas y nos dábamos cuenta que la distancias para ellas no eran tanta como para nosotros. Seguimos avanzando en nuestro recorrido ya por un mar abierto, donde las islas ahora se encontraban en la distancia y sólo otros barcos cortaban la monotonía del inmenso mar.

A medida que nos íbamos avanzando, descubríamos nuevos paisajes, aguas de colores cada vez intensos, altas montañas emergían desde el mar creanndo numerosas islas con sus laderas decoradas por árboles, cuevas, diferentes formaciones rocosas que parecían esculpidas, nuevamente pensábamos, no puedo creer que exista un lugar así en el mundo. Si bien Ko Phi Phi, era la isla de la película La Playa, uno imagina que la belleza natural está realzada por agún efecto especial o la creatividad del director por obtener la mejor toma en determinadas condiciones de luz, pero no era así, si bien aquellos que recuerden la película tendrán en sus mentes paisajes deslumbrantes hay que decir que la misma no honra la verdad.

Al llegar a nuestra isla de destino ya teníamos más de 300 fotos, de las mil que tomaríamos en nuestra semana de estadía, es que la emoción que brinda un lugar así y la capacidad figurativamente infinita que permiten las cámaras digitales nos obligaban a intentar grabar cada segundo en una imagen. Allí nos estaba esperando un empleado de nuestro "Grand Resort Hotel and Spa" o algo así, y no, no es que en Phuket hubiésemos ganado el gordo de navidad, simplemente habíamos leído en nuestra guía que sin una reserva probablemente debiésemos habernos vuelto ese mismo día. Nuestro hotel con desayuno, aire acondionado, agua caliente y hasta caja de seguridad, era muy lindo pero no valía los 50 dólares que habíamos pagado por él, por tal motivo al día siguiente nos fuimos en busca de uno más acorde a nuestro presupuesto, y encontramos una pequeña habitación a 20 dólares con ventilador y ducha de agua fría, pero el precio justificaba la falta de lujos y nos permitió quedarnos una semana en lugar de dos días como hacen la mayoría de los mochileros si es que hacen noche en la isla.


Dejamos nuestra mochila en el hotel y nos fuimos inmediatamente a la playa, queríamos bañarnos en esas hermosas aguas que habíamos visto en el barco. Antes de dar el primer paso sobre la arena, el paisaje ya se hacía presente, una arena muy clarita, sin llegar a blanco bañadas por un mar increiblemente transparente y enmarcada por las montañas que rodeaban la isla, nuevamente estábamos en un cuadro de Dios. Y hablando de Dios, estábamos en un lugar tan paradisíaco que pensamos que cuando Dios muera, si se portó bien va ir a Phi Phi.

Nadamos un rato en el mar, Maru tomó sol y mientras yo nadaba me di cuenta que cada vez había menos agua y por más que me alejara cada vez más de la playa la profundidad no pasaba de los 40 centímetros, es que la marea baja se notaba fuertemente dándonos algo así como 300 metros más de playa. los barcos y lanchas quedaban barados irónicamente anclados a un fondo del mar que ahora era superficie y los pescados barrefondo y los cangrejos se veían facilmente como si de una pecera se tratase. Pasamos la tarde allí y cuando el sol se escondió detrás de una de las montañas de la isla nos volvimos al hotel.

Luego de darnos una ducha, decidimos ir a cenar y como era de esperar todo allí era en torno a la playa, así que con ese destino nos dirigimos nuevamente. Compramos unas cervezas para acompañar nuestro sandwich de milanesa y nos sentamos a ver un espectáculo maravilloso de acrobacias con fuego que duraba aproximadamente una hora. La música acompañaba perfectamete el show que al finalizar invitaba a la fiesta en la playa misma, teníamos la sensación de estar en una película, la playa espectacular de día se convertía en fiesta a la noche y nosotros no hicimos más que disfrutar de esta escena.

Nuestros días allí se sucedieron casi sin alteraciones, eran una rutina, pero una rutina mágica, dormir hasta tarde, ir a la playa, salir a la noche, maravilloso. Para romper esa rutina uno de esos días decidimos visitar el Viewpoint que traducido sería algo así como mirador. Los viewpoints son tres en la isla, aunque nosotros sólo encontramos dos. Ubicados en la cima de una montaña ofrecen paisajes de postales (de hecho, de allí se toman las fotos típicas de la isla) que hacen que los 5 kilómetros de caminata por camino de montaña valgan la pena. Ya que estábamos allí decidimos ir a otras de las playas, en este caso perteneciente a un resort, para llegar allí caminamos otros cuarenta minutos por la jungla (no, no estoy exagerando, el camino era apenas una huella peatonal borrada en algunas partes en medio de la copiosa selva que cubría la ladera de la montaña) llegamos a otra increible playa con el mismo color de arena y mar, pero más reservado, ya que no todos tienen ganas de hacer el paseo, pero a la vez con aguas más agitadas. Pasamos allí la tarde y luego volvimos a nuestro ya hogar.

Pero todos los premios se lo lleva la isla de Ko Phi Phi Lai, nosotros estábamos en Ko Phi Phi Don, y es allí mismo donde está Maya Bay, la playa de La Playa. Para llegar hasta allí hicimos una excursión donde conoceríamos a Gosia y Adrían, una pareja polacoespañola también amante de los viajes que se encontraba en su luna de miel dando la vuelta al mundo. En este paseo antes de llegar a Maya Bay, hicimos varias veces snorkel, donde pudimos ver cientos de peces de diferentes colores y especies, venir a comer de nuestras manos, se acercaban tanto que se dejaba tocar, anguilas, erizos, barracudas y otro montón de especies en aguas que tenían más de 50 metros de visibilidad bajo su superficie. Para llegar a Maya Bay hicimos Kayak y nos delumbramos con el color de su arena la cercanía de las montañas y del simple hecho que existiese un lugar más lindo del que ya habíamos visto. La hora que nos habían dado para estar allí, pasó como si fueran tan sólo diez minutos y emprendimos la vuelta a nuestro barco y de allí al hotel.

Habíamos pasado nuestra semana en el paraíso de Dios y aunque costaba irnos, teníamos que seguir nuestro rumbo, ahora a Ko Lanta, pero luego a Ao Nang, para pasar navidad con nuestros nuevos amigos, Gosia y Adrián.




domingo 1 de enero de 2012

Phuket Phuket you know I won't forget!


Llevaba meses cantando "Coquet Coquette" con la letra como la del título y finalmente llegamos. No teníamos ni idea donde estaba el aeropuerto ni nuestro hotel, si quedaba cerca de la playa o que, simplemente teníamos la dirección y deseabamos que nos llevara honestamente a destino de alguna forma. Así fue, conseguimos una combi a precio razonable, con la que hicimnos los 50 kilómetros hasta nuestro alojamiento, ubicado en el medio de la ciudad y por lo que decía la gente, la playa no estaba cerca. Como era muy tarde y hacía algunas horas habíamos estado caminando por la selva no nos importó y nos fuimos a descansar.

Habíamos llegado a Phuket, con el consejo de estar lo menos posible allí ya que estaba plagado de turistas, yo me pregunto si nosotros o la gente que nos lo dice tenemos cara de tailandeses, hicimos caso a ese consejo a medias y le dimos la chance a la isla que nos mostrara sus encantos y en resumen nos conquistó. Habíamos llegado a otra vez un paraíso, lo he dicho tantas veces que parece que usar la palabra con soltura, pero no es así, las playas de Vietnam y Cambodia nos habían deleitado con su belleza, pero lo que el mar de Andaman tenía para ofrecernos era maravilloso. Finalmente terminamos quedándonos una noche más, para visitar al menos dos de las tres playas más bonitas de la isla, y la sensación de estar en un paraíso estaba presente. Alquilamos una reposera con sombrilla y mesa por unos 100 THB que al principio nos quejábamos, pero cuando hicimos la conversión y lo comparamos con mar del plata u otra ciudad costera, nos moríamos de risa, unos 15 pesitos, recuerdo que hace 2 años nos habían pedido 100 pesos por una sombrilla medio día sin más nada que la misma sombrilla. Maru se acostó a tomar sol y yo me fui a nadar, era simplemente hermoso, a lo lejos se veían los yates y las altas e imponentes montañas verdosas a la orilla del mar nos miraban con envidia por no poder nadar en ese bello mar.

Como estábamos alojados en el pueblo para llegar a las playas teníamos que tomar el colectivo local, que era basicamente una Ford F350 con unas maderas en la caja que hacian las veces de asientos refrigerados por ventiladores atados al techo con alambre, casi nos sentíamos en casa. En uno de esos viajes conocimos a un amigo venezolano antichavista que veía a todo el lado positivo, todo excepto el mandato de su presidente, y nos aseguraba que su próxima presidente iba a ser una mujer de nombre María.

Finalmente el cuarto día decidimos irnos de la isla y viajar a Ko Phi Phi, el lugar más recomendado de la región, donde el lindo de Leo di Caprio había estado filmando La Playa, pero eso en la próxima entrega.


lunes 26 de diciembre de 2011

Los Chiangs del norte de Tailandia (del 5 al 10 de diciembre de 2011)


Habíamos vuelto a Tailandia, ya felices buscamos nuestro hotel y finalmente volvimos a comer Pad Thai, a 1 dólar, como dios manda. Pasamos la noche en una pequeña ciudad llamada Chiang Kong, o algo así, a pesar de ser chica, las fotos del rey y los templos parecía salir hasta de abajo de las rocas, dormimos en nuestra habitación de lujo, aire caliente, aire acondicionado, limpieza y espacio. Al otro día partimos rumbo a Chiang Rai, viajamos en un colectivo de línea rural, algo así como si fuera el 60 por la ruta 3 a unos increíbles 2 dólares. En el viaje tuvimos tiempo para charlar, aunque a los gritos porque las puertas y ventanas se encontraban totalmente abiertas.

Llegamos a Chiang Rai y buscamos el hotel, terminamos durmiendo por primera vez en un hostel en asia a unos maravillosos 3 dólares por persona, la vuelta a Tailandia había sido fantástica y los precios volvían a ser como los recordábamos.
En aquella ciudad no hicimos mucho, recorrimos la ciudad caminando entrando en muchos de sus templos y sacando muy bonitas fotos, cenamos en una plaza llena de restaurantes muy linda, para luego encontrar la versión para locales. El día siguiente lo dedicamos a desayunar y a buscar el bus para llegar a Chiang Mai, nuestro destino final en el norte de Tailandia ya que de allí teníamos el vuelo a Phuket.



Los dos días en Chiang Mai, los dedicamos a caminar, recorrer los templos, tuvimos la suerte de ver un desfile de monjes y chicos de escuela, visitamos los mercados o puestos hippies y comimos una super picante comida india. La última noche nos despedimos de Brian, ya que nosotros nos iríamos al trecking y al volver el ya se habría ido a Sri Lanka, de bar en bar la despedida estuvo muy buena, aunque la resaca al día siguiente en la caminta se hizo notar.

Los días en el trecking fueron muy buenos, caminamos por la jungla, dormimos en el suelo de chozas de madera, anduvimos en elefantes, nos bañamos en cascadas de aguas heladas e hicimos rafting, primero en cayacs y luego en balsas de bambú, super divertido. Lo único malo de esta excursión fue la comida, ya que parecíamos presos, comiendo únicamente arroz o fideos, y la compañía de gringos imbéciles que nos preguntaban si en Argentina comíamos ratas o le decían al guía si pensaba que la nieve era caliente, en fin, boludos hay en todos lados. Volvimos a la ciudad a buscar nuestras mochilas y volver a tomar un avión, iríamos a Phuket, otro lugar paradisíaco que parece pertenecer a otro mundo, pero eso es otra historia.